Este post tenía como motivo un film de Ken Russell llamado "Gothic", cuyo tema versaba sobre la famosa reunión de poetas y poetisas que tuvo lugar en Suiza en la famosa villa Diodati, y que dió lugar a dos obras literarias: una, famosa en el mundo entero, titulada "Frankstein", escrita por Mary Shelley; y otra titulada "El Vampiro", mucho menos conocida, escrita por Polidori.
Como nuestra colega Alicia de "La Linterna Mágica" ha escrito un estupendo post sobre el mismo tema, pero centrado en la película de Gonzalo Suarez "Remando al Viento", he decidido darle a mi historia un giro de 180 grados.
"Gothic" película, se ha convertido en "Gothic, una historia real", donde narro una pequeña reunión de amigos, que tuvo lugar hace unos cuantos años.
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El viento acuchillaba con sus aullidos. Una fría lluvia repicaba en el capó de nuestro viejo coche y para colmo, Yolanda, embarazada de cuatro meses se quejaba porque estaba sintiendo náuseas. No era para menos porque los altibajos y recovecos de la estrecha carretera por la que circulábamos rumbo al Gothic Temple, en la región de Stowe en Hawkwell Field, era una verdadera tortura a la que se añadían las contrariedades meteorológicas.
La bruma húmeda nos envolvía y apenas podíamos ver el camino pese a llevar las luces largas. Solo sombras a ambos lados de la estrecha carretera.
En el pequeño Audi viajábamos cuatro personas: John y su compañera Yolanda, Carla, amiga de ésta, y Tony, narrador de esta historia.
Ya, muy entrada la tarde (era el mes de noviembre) y con los alrededores envueltos en tinieblas húmedas avistamos unos faroles encendidos. A los pocos minutos la visión fantasmal del Gothic Temple se presentó delante de nosotros de forma aun más siniestra que la foto que muestro.
Yolanda estaba agotada y Carla andaba un poco molesta conmigo por no sé que broma que le había gastado. John que conducía el Audi también renqueaba, pero yo que me había colocado con un canuto, estaba francamente bien y tal que salí del coche aspiré la lluvia y el viento con los brazos abiertos.
Esperábamos que hubieran llegado a la mansión nuestros amigos Nigel, Beth su compañera y John "El Largo" (le llamábamos así por su enorme estatura, que rozaba los dos metros de un cuerpo, coronado por una cabeza enorme llena de pelos y barbada)
Corriendo y deprisa sacamos los bolsos y nos refugiamos delante del portalón. Llamamos con fuertes golpes y el eco resonó en el interior como una campana de bronce. John, que tenía un gran sentido del humor , me recordó la escena similar de la película "The Young Frankstein", que no hacía muchas semanas habíamos visto. Comencé a reirme como un cosaco y viendo el lamentable estado de nuestras respectivas parejas me sacudió aun más la risa tonta. En eso estábamos cuando de pronto la puerta se abrió y el "Largo" apareció en el umbral con una antorcha encendida, al tiempo que decía con voz cavernosa:
- Mr. Harker, supongo.- se dirigía a mí- Yo soy Drácula, mi bienvenida a usted y a sus invitados. Pasen. El aire de la noche es muy frío y todos necesitarán comer y descansar- dicho ésto sacó una lengua enorme y comenzó a relamerse.
Todos soltamos la carcajada con la ocurrencia del "El Largo", que permanecía serio señalándonos el oscuro salón. Inmediatamente todo se iluminó y Nigel y Beth salieron sonrientes a recibirnos.
Nos quedamos maravillados del amplio salón circular, que sostenía una galería con siete columnas rematadas por figuras coronadas de piedra. El salón estaba decentemente amueblado y una gran mesa, que ya habían dispuesto nuestros compañeros, estaba lista para el banquete con el que inaugurábamos nuestro primer día de estancia en tan exótico lugar.

Pronto estuvimos todos instalados en los diversos aposentos del edificio y poco después relajados y contentos nos reunimos en el salón circular.
El primero que tuvo la idea fue Nigel(ya he hablado de él en algunos de mis primeros post) naturalmente. A pesar de que acababa de comenzar su carrera como arquitecto (al igual que John) estaba muy ligado al mundo del cine (nunca le estaré lo suficientemente agradecido por lo mucho que me enriqueció en ese terreno) también era un entusiasta erudito de la literatura inglesa.
- Estamos en el lugar adecuado y en el ambiente más propicio para realizar una experiencia que seguro os suena a todos.
- Aquí podemos hacer toda clase de experiencias - tercié yo de la forma más tonta.
- Creo que te refieres a la reunión de Villa Diodati - remoloneó Beth que había aceptado una calada que yo le había ofrecido.
- ¡Shit, gran idea, tíos!- saltó "El Largo"- Eso es una pasada de idea, salvando las diferencias, ¡claro está!
- "Siete miradas de piedra se han despertado con el relámpago./Un espíritu ancestral ha bajado al centro del círculo y señala siete caminos vírgenes/¡Oid, oh mortales su petreo mensaje y que la luz de vuestras ideas/ lo convierta en relatos brillantes!"- sentencié ceremonioso con los ojos cerrados, mis brazos abiertos y mi cara vuelta hacia la cúpula.
- Fuck you!¿te ha salido así o lo traias preparado?- preguntó John.
- Pues no se. Estaba mirando a las testas coronadas de las columnas y me vino sin más.- dije yo con la mayor naturalidad.
El ambiente se calentó y todos estábamos relajadísimos. Los vinos que consumimos a lo largo de la cena y las caladas al material que yo había agenciado propiciaron que el reloj del salón marcara casi las tres de la madrugada, sin que nadie se hubiera movido de allí.
Todos habíamos aportado una historia y todos nos comprometimos a desarrollarla en el futuro de una forma u otra. También acordamos que las recopilaríamos y haríamos una copia para cada uno, para recordar siempre aquel momento único.
Beth contó la historia sobre una niña que podía hablar con las sombras de las personas y éstas le narraban secretos impensables de las personas a las que pertenecían. Una de aquellas sombras le cuenta la terrible historia de un viejo crimen.
Yolanda, que era gallega, narró una leyenda de su tierra sobre una meiga que hechiza a un joven para sacrificarlo al demonio y poder acceder a la eterna juventud. Pero la meiga es vencida gracias a la decisión y valentía la novia del joven. Esta con un cuchillo bendecido y untado con su sangre virgen logra matar a su contrincante. El joven es salvado y naturalmente se casa con su novia.
Carla, italiana temperamental, nos contó su experiencia personal en una iglesia de la Toscana. Le ocurrió cuando era muy joven, en su primera adolescencia. Iba a recibir la confirmación y junto con sus compañeras fué a confesarse la víspera con un joven sacerdote que acababa de llegar a la iglesia, como adjunto al párroco. Antes que ella se acercó al confesonario su amiga íntima Sofía. Al rato volvió ésta con los ojos saltándole las órbitas y gesto espantado. En un susurro le dijo a Carla que no fuera a confesarse porque dentro del confesonario había un chivo con cuernos. Carla sintió una insana curiosidad, y sin hacer caso de su amiga se acercó al cubículo. De pronto tuvo que retroceder porque dos ojos rojos la miraban tras la celosía del confesonario.
Estas fueron las tres historias de las chicas, que fueron las primeras en deleitarnos con sus terroríficas narraciones, que aquí, obviamente,he resumido
El tiempo seguía favoreciendo la atmósfera inquietante que nos envolvía y todos nos sentíamos cada vez más; shelleys, byrons, o polidoris.
Le tocó el turno a El Largo. El que sería su futuro relato versaba sobre un joven pintor que expone su obra todos los días en una reja de Hyde Park. Un día se acerca un señor, casi un anciano, quien se detiene largo rato en cada uno de los cuadros. El joven le pregunta si le interesa alguno. El anciano señala un cuadro en el que hay pintada una joven , pide el precio y lo paga sin rechistar. El viejo se aleja, desapareciendo por la boca del metro cercano. Meses más tarde, una noche el joven sale de un pub un tanto bebido. Tropieza con una chica. El incidente da lugar a futuros encuentros entre ambos, y más tarde a una relación. Semanas más tarde deciden viajar a Norfolk, donde viven los padres de la chica. Una vez en el tren, el joven reconoce entre los viajeros al anciano que le compró el cuadro. Para su mayor asombro el hombre porta un bulto en el que cree reconocer el cuadro que aquel le compró. Sumido en la confusión el joven se acerca. El anciano le sonrie y le muestra el bulto. En la pintura hay dos jóvenes abrazados. Son él y la joven que le acompaña.
John contó la historia de un músico frustrado al que su padre obliga a cursar arquitectura para que herede su prestigioso estudio. El muchacho será en el futuro el diseñador de un campo de concentración y cada vez que selecciona un grupo de víctimas las "deleita"con un solo de violín interpretado por él mismo.
Esta historia que John nos contó era tan extremecedora y la contó con tal pasión que nos dejó helados.
Nigel se levantó ofreció un guisqui, se sirvió él mismo uno y habló de cierto suceso que ocurrió, según él, durante el rodaje de una película. El tenía acceso libre al plató por amistad con el productor ejecutivo. Se trataba de una película en la que intervenían primerísimas figuras del cine anglosajón (naturalmente no nos reveló de qué rodaje se trataba ni de qué actores).
Uno de los segundos operadores apareció muerto una mañana. Su cadáver sin herida aparente yacía en la cama donde lo encontraron. Lo extraño del caso es que el desgraciado no tenía ni una sola gota de sangre en el cuerpo. A lo largo de casi una hora, Nigel nos tuvo en suspenso sobre si aquello se trataba de un caso de vampirismo o un asesinato al que se le podría conseguir solución lógica. Esta solución, en realidad nunca se produjo, el caso se balanceó entre el misterio y la lógica. El hombre había mantenido relaciones con una mujer muy extraña que el estudio había contratado para una escena de baile, estilo gipsy centroeuropeo. Por lo visto era una experta en el folklore de la región. Ambos estuvieron, durante las semanas que la mujer estuvo contratada, viviendo en un flat de Totenham, pero ninguno de los vecinos que fueron interrogados dieron cuenta caval de la pareja. La autopsia del cadáver reveló que había un pequeño orificio en la vena aorta y que toda la sangre de su cuerpo había sido extraída por allí. También se reveló que el hombre había sido sedado antes de extraerle la sangre. De la mujer nunca se supo y la policía nunca pudo saber si ésta pudo salir del pais o no.
He dejado para el final mi historia . Mi cuento era también un hecho que había sucedido, al menos en su parte de tragedia familiar. Mi madre me contó en cierta ocasión que había en nuestra inmensa y laberíntica casa un cuarto encantado en el que había muerto una hermanastra, a la que yo nunca había conocido, a la que cariñosamente llamaban Purita.
Ocurrió, según mi madre, que Purita y otras dos hermanas, todas en edades de cuatro a seis años, jugaban en la inmensa buardilla de nuestra casa. La señora que cuidaba de ellas estaba sentada tranquilamente en un rincón bordando o haciendo labores similares. A una de las sirvientas, que trabajaba en la cocina, se le ocurrió subir a la buardilla cubierta con una sábana, con la cara pintada de negro y dos ajos en la boca simulando colmillos. Esta mujer, muy fantasiosa ella, contaba historias truculentas a las niñas. Nadie fue capaz de detener aquella broma. Cuando el "fantasma" asomó por el hueco de las escaleras las niñas gritaron espantadas, pero Purita, que era la mayor corrió despavorida hacia la ventana de la buardilla y se precipitó por ella.
La caida desde aquella altura(no mucha, pero sí suficiente) dejó a la pobre niña tullida y su débil organismo no pudo soportar aquello. A las pocas semanas, presa de terribles dolores, murió.
Naturalmente la desgraciada sirvienta fué detenida y meses más tarde arrepentida de su insensata acción se colgó de sus propias enaguas en la celda de la prisión.
El cuarto donde murió Purita se cerró a cal y a canto. Muchos años más tarde, siendo yo niño, el cuarto permanecía abandonado. Yo sentía una gran curiosidad y a la vez temor. Un día no pude resistir la tentación. Subí las escaleras y cuando me disponía a abrir la puerta oí un leve lamento al tiempo que a través de la cerradura veía una luz azulada. Corrí despavorido escalera abajo saltando los escalones de dos en dos.

La explicación lógica es que alguna rata y una ilusión óptica alteraron mis sentidos. La foto que muestro es la de la desgraciada niña acompañada de su hermana menor.
Esto fué todo lo que dió de sí aquella tarde, noche y madrugada. Antes de irnos a nuestros respectivos aposentos subimos al torreón. El temporal había amainado y una luna pálida asomaba entre los jirones de nubes.
Nadie desarrolló las ideas que allí se pergueñaron. De hecho las vidas de todos nosotros cambiaron meses después, pero sí hubo una última reunión , en la que coincidieron todas aquellas personas. Habían pasado ocho meses. Yo había conocido a Lola, quien sería mi futura compañera, y junto con todos ellos celebramos el día de nuestra boda en Wandsworth.
Al día de hoy he perdido todo contacto con aquellos amigos. Creo que tanto John como Nigel abrieron un estudio de arquitectos en Londres. Ambos se divorciaron de sus respectivas compañeras. De John el Largo perdí por completo la pista. Durante un tiempo nos carteamos con Carla, pero poco a poco distanciamos la correspondencia hasta perderla por completo. Hay una foto de aquella reunión, pero creo que la única que la posee es Yolanda, o tal vez esté hoy en poder de alguno de sus tres hijos. Punto final.