

En cada uno de los cuadrados de cada página se asoman viejas y, hoy, desconocidas actrices: Darry Cowl, Lily Damita, Yoko Tani, Nadia Gray, Danielle Darrieux, Brigitte Bardot. Todas ellas absolutamente seguras de la seducción que emanaba de sus cuerpos y sabiendose miradas por el "Peeping Tom" que abriera aquel libro.
Aquí en España, allá por el afortunadamente lejano 1960, se practicaban "vicios privados y públicas virtudes". En algunas de las entradas de este Blog creo que he narrado un hecho que me ocurrió en Madrid, cuando boli en ristre me colaba en algunos rodajes, de los que sacaba material, para luego escribir algunos articulillos infectos , que posteriormente, una Agencia de Prensa ponía en circulación por todos los periódicos de provincias.
La vida de nuestro cine, y la de todos los que se movían en torno al negocio, era turbia y sofocante. Creo que de todos aquellos años aún no se ha escrito ni la punta del iceberg, porque los trapos sucios aun se guardan hipocritamente en el cuarto de atrás. Salvo honrosas excepciones, nadie se atreve a abrir las alcantarillas porque el olor envolvería a muchos que aun pululan en el medio.
En fin, cuando decidí poner tierra por medio y abrir otra página en mi vida, todo aquello quedó muy atrás. Naturalmente no me sumergía en el mejor de los mundos posibles, pero cuando por las noches llegaba a mi cuchitril de Taybridge Road, me sentía tranquilo y feliz, porque, nadie de aquellos malditos "grises" se había llevado a ninguno de mis nuevos amigos a la DGS. ¡Claro, no era un sueño, vivía por primera vez en un pais democrático¡
Entonces, las nuevas imágenes y las nuevas películas prendieron en mi retina y volví a enamorarme del cine.
En fin, todo este rollo venía a cuento del libro que comentaba. I'm sorry , pero no puedo evitar irme por las ramas de mi memoria. Supongo que todos los mortales tenemos este vicio tarde o temprano. Al fin y al cabo ¿qué sería de la humanidad si se borrasen nuestros recuerdos?
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