No sabemos si alguna personalidad de Hollywood le dió esa calurosa bienvenida al genial realizador ruso, cuando en mayo de 1930 pisaba, por primera vez, el suelo de las Estados Unidos.Lo cierto fue que Eisenstein recibió una invitación de Hollywood. Dicha invitación tuvo ciertas formalidades diplomáticas, en las cuales medió el polifacético artista británico Ivor Montagu.
Este hombre, británico de nacionalidad y amigo personal de Eisenstein, había propiciado, un año antes el encuentro en Paris entre Jesse L. Lasky, uno de los barones de la Paramount, y el director ruso.
La noticia de este encuentro apareció en la revista Regards Magazine por medio de un escrito del propio Esenstein al crítico de la misma y expresado en estos términos:
"Despues de realizar una película para la Paramount, tal vez completada en seis meses, nuestro equipo volverá a Moscú para nuestra nueva producción soviética. Después volveremos a Hollywood para un segundo film. Podríamos realizar una tercera o una cuarta película siempre que nuestro equipo pueda estar viajando desde la URSS a EEUU o al contrario. No obstante todo este proyecto puede llegar a no realizarse si el tema de las películas no nos convence o las condiciones del trabajo no sean las oportunas, en cuyo caso volveríamos a Moscú".
A la llegada de Eisenstein y su equipo a Hollywood, Montagu, que pasó a ser miembro del equipo de guionistas, alquiló una casa para todo el personal soviético e inglés en Cold Water Canyon. Era un lugar idóneo, donde reinaba la tranquilidad necesaria para trabajar relajadamente.
Es cierto que a principios de los treinta la gente peliculera de Hollywood era calurosa en el recibimiento a sus huéspedes. El propio Montagu escribe sobre este extremo: "Cuando alguien llega por primera vez a Hollywood todo el mundo se desvive por agasajarlo y lo convierte en el centro de todas las reuniones el lema es "tomate tu tiempo, descansa, respira hondo y goza de las atenciones que van a prestarte todas estas maravillosas personas". Y así pasó con Eisenstein. Una de las personalidades que hicieron más de lo que estaba en su mano por hacer verdad aquel lema fue Charlie Chaplin"
Y comenzó el proceso de elaboración del guión. Eisenstein tuvo una primera idea: "La casa de cristal". Un edifico realizado enteramente de cristal, donde viven y trabajan cientos de trabajadores. El meollo de la historia era que todas aquellas personas, a pesar de las paredes de cristal, no tienen idea de que podrían verse los unos a los otros, hasta que una circunstancia (la acción de un ladrón) de repente les sume en la desconfianza y toman conciencia de que existen unos vecinos pared con pared. La consecuencia es el estallido de un gran conflicto generalizado.
Este esbozo de guión dejó descolocados a los guionistas americanos, acostumbrados a un argumento palpable y no a vaguedades abstractas. Ni siquiera Eisenstein estaba convencido del todo de aquel esbozo pero no encontraba nada más concreto
Por aquellos días todos los escritores que recalaban en Hollywood no se distinguían precisamente por chirimías intelectuales. Se limitaban a realizar su trabajo lo más rápido posible, cobrar el máximo por ello y regresar a casa para gozar de lo ganado.
El director ruso quiso tomarse su tiempo para encontrar la idea adecuada para su guión, tratando de conocer la cultura americana. Asistió a lecturas en las Universidades de Harvard, Columbia y Chicago, y pasó unos días en Boston en compañía de H.W.L Dana el nieto del poeta Lonfellow.
Todo lo que vió y oyo le pareció muy interesante, pero sobre Hollywood y sus gentes tenía sus reservas y en una declaración posterior dijo lo siguiente: "...salvo escasas excepciones la mayoría de la gente de Hollywood es estúpida o de mediocre interés" .

Este comentario no le había impedido fotografiarse con Walt Disney (cuyo trabajo admiraba), Marlene Dietrich, Von Sternberg y Rin-Tin-Tin.
King Vidor, por aquel entonces uno de los productores y directores más influyentes dijo sobre el director ruso:
"Una de las razones por las que me entrevisté con Eisenstein fue porque el había visionado mi último film "The Crowd" en Nueva York y el hombre andaba intrigado por algunas de las técnicas que yo había usado. Me dijo que una de las cuestiones que más le interesaban del cine americano eran nuestras técnicas precisamente. Me satisfizo enermemente acompañarlo por los estudios de la MGM y otros muchos lugares de localización de rodaje. A pesar de nuestras diferencias políticas e idiomáticas, estábamos hablando el mismo lenguaje".
Entretanto Montagu y Eisenstein continuaban buscando ideas para un posible guión. La idea inical se había desechado y también un guión basado en la novela francesa de Blaise Cendrars titulada "L'Or" y ambientada en la California de la "fiebre del oro". Por fin ambos encontraron un tema apasionante. Se trataba de la adaptación de la gran novela de Theodore Dreiser "Una tragedia americana". La novela tenía todos los ingredientes necesarios para entusiasmar a Eisenstein, la radiografía de la sociedad americana donde la lucha de clases y la ambición de un joven trabajador por llegar a los puestos más altos desemboca en crimen y tragedia.
Montagu escribió sus primeras impresiones sobre este tema: "Nos embarcamos en el guión con la firme convicción de que nos metíamos en terreno resbaladizo. Eramos un grupo de guionistas extranjeros, liderados por un director soviético y dos asociados también soviéticos, que iban a escribir para un film cuyo tema esencial era criticar a la sociedad americana. Pero cuando presentamos el escrito a la Paramount nos quedamos sorprendidos por la reacción. "Esto es un guión maravilloso" nos dijeron. No habían pasado más que unos días cuando recibimos la invitación de trasladarnos a Nueva York donde comenzaríamos a ocuparnos de la preproducción."
Tanto Montagú como Eisenstein pensaron que la película se rodaría en la costa este de Estados Unidos. Cuando llegaron a Manhattan fueron recibidos inmediatamente por Jesse Lasky quien sin mediar otra explicación les comunicó sécamente: "Lo sentimos, pero su contrato acaba de finalizar".

Tras este jarro de agua fría, y algunos piropos aparecidos en cierta prensa: "....un mensajero del infierno, un peligroso extranjero judío ha venido para envenenar a America.....un perro rojo...un sádico" aplicados a Eisenstein, entra en escena el escritor Upton Sinclair. Tanto éste como el ruso habían sentido admiración y simpatía mutua, así pues , el escritor americano le propone al director ruso rodar una película en México. Sería producida por el propio Sinclair, la esposa de éste, Mary Craig Kimbrough y algunos inversores mexicanos. Esta proposición dió lugar a una auténtica odisea , que se inició en noviembre de aquel mismo año de 1930.
Uno de los términos del contrato, estipulados por los inversores mexicanos, era que el film a realizar por Eisenstein no sería político y el coste del mismo no podía elevarse a más de 25.000 dólares. Otra de las condiciones era que el periodo de rodaje no podía exceder de tres o cuatro meses y la custión más importante era que todos los negativos y positivos del film rodado por Eisenstein en México serían propiedad de Upton Sinclair. Había un codicilo en el contrato en el que se decía textualmente "El Gobierno Soviético deberá permitir la visión íntegra del film en el territorio de la URSS".
Una vez firmado el contrato Eisenstein inicia un viaje en tren por todo el país, acompañado de Alexandrov y Tisse, sus dos colaboradores. El film se llamaría "¡Que viva México! y se dividiria en seis partes a las que llamó "moving frescoes" en doble alusión al movimiento y la emoción en paralelo a los frescos pictóricos. Esta metáfora fílmica estaba inspirada en la admiración que le produjeron las pinturas de Diego Rivera y Frida Kahlo, a los que conoció en esas fechas.
Los problemas comenzaron cuando Stalin mandó un telegrama amenazador en el sentido de que Eisenstein estaba convirtiéndose en un desertor. Esto provocó la impaciencia del director y el enfado de Sinclair.
Se rodaron alrededor de 40.000 metros de película que se dividieron en tres partes: "Truenos sobre México", "Eisenstein en México" y "El día de los difuntos". Todo este material jamás pudo ser visto por Eisenstein que volvió a la URSS, donde ya no gozó del mismo status que antes de su desafortunada, y en parte fracasada, experiencia americana.










