Tuesday, September 16, 2008

EL GRAN TEATRO DE VISCONTI


En varias ocasiones hemos tenido la oportunidad de leer posts dedicados a la filmografía de Luchino Visconti, un cineasta que fué fundamental para todos los amantes del cine durante más de tres décadas.
Su particular estilo siempre fluctuaba entre la crítica social y el melodrama operístico. Esta dualidad no era sino el reflejo de su propio yo, que se debatía entre sus orígenes aristocráticos y sus ideas marxistas.
Antes de que el maestro abordara esa maravillosa ópera neorealista que fué "Rocco y sus hermanos" (magníficamente comentada hace algún tiempo por nuestra amiga bloguera Alicia en "La Linterna Mágica") quiso llevar a la pantalla una sentida novela del escritor ruso Dostoyevski.

La historia se centra en Mario (Marcello Mastroianni, inmenso) que llega una noche a cierta ciudad con varios amigos. Se despide de ellos y se dirige solo hacia la pensión donde vive. Por casualidad se encuentra con una muchacha que llora con desconsuelo sobre la baranda de un puente. Mario se siente conmovido por la fragilidad y el desamparo de la chica, que dice llamarse Natalia (María Schell). Para protegerla de unos gamberros motorizados, Mario decide acompañarla a la casa donde ella dice vivir y le pide que a la noche siguiente vuelvan ambos a encontrarse en el mismo puente donde se conocieron.
Cuando Mario acude a la cita queda asombrado, porque la chica huye de él escondiéndose en un callejón oscuro. Mario logra encontrarla y le pregunta que se explique de su extraña conducta. Natalia le confiesa que está enamorada de un extranjero que estuvo alojado en casa de su abuela y que se marchó con la promesa de volver a por ella. Natalia está convencida de que está en la ciudad. Lehace prometer a Mario de que le entregará una carta que tiene escrita. Mario se lo promete, pero nada más alejarse de Natalia rompe la carta y tira los trozos al canal.
Entre noche y noche se suceden los encuentros y desencuentros entre Natalia y Mario, éste llega a reprochar a la muchacha el amor sin esperanza que le profesa al extranjero y furioso se separa de Natalia para caer en los brazos de una prostituta (Clara Calamari, la protagonista de Ossesione), a la que al final rechaza, lo que le ocasiona un grave percance.
El final de la película tiene como telón de fondo las calles blancas de nieve y un amanecer que solo promete tristeza para Mario.



Visconti acababa de rodar "Senso" (una de sus películas más hermosas). Este film, de elevadísimo presupuesto situó al director en una posición económica bastante precaria. Durante tres años se dedicó exclusivamente a su otra pasión: dirigir ópera. Fruto de esta actividad destacaron las producciones históricas de la Scala :una "Traviatta" y una "Sonámbula" con la voz inigualable de la Callas.

Para "Noches Blancas", el proyecto que eligió el propio Visconti para reanudar su actividad fílmica, se fundó una sociedad cooperativa que se llamó CIAS, en la que participaron: Cicchi D'Amico, Mastroianni, Franco Cristaldi y el propio Visconti.
La sociedad determinó aportar 400 millones de liras para el proyecto, lo cual no era bocado pequeño para la época. El aristócrata milanés decidió que "Noches Blancas" se rodaría íntegramente en estudio. Mandó construir un inmenso decorado, inspirado en la ciudad de Livorno, en los estudios Cinecitta. Se reprodujeron varias calles, los puentes (esenciales en la historia, como símbolo), un pequeño puerto y un fondo giratorio; todo ello cubría una superficie de casi 3.000 metros cuadrados.
Desde aquel inmenso escenario teatral, Visconti controlaba, como una divinidad, los fenómenos atmosféricos, el brillo de las estrellas en la noche y jugaba con los sentimientos de sus personajes.

El protagonista del film, Mario, que en la novela original no tiene nombre, es un hombre solitario, de carácter retraído, lleno de emociones internas; que sueña durante la noche, para no vivir la mediocridad diurna.
Sus encuentros con Natalia, en esa ciudad fantasmal, quizá son un juego de sus ilusiones y tal vez nunca han sucedido.
La elección de María Schell como Nástenka (Natalia en el film) fué un acierto. La mirada limpia y azulísima de la actriz (muy popular en la época) dan al personaje ese aire mágico y etéreo que Mario ve en ella.

El personaje de el extrajero, interpretado por Jean Marais, se muestra siempre de negro y en plano distante. Con el matiz sombrío y lúgubre de la pesadilla, ausente por completo del original novelesco.

En "Noches Blancas" estuvo por segunda vez la música del memorable Nino Rotta en un film de Visconti. En esta ocasión se inspiró en "Tristán e Isolda" de Wagner para componer un bellísimo tema de amor.
Es posible que el espectador actual o aquel que desconoce, por distante, la obra del realizador italiano crea estar viendo teatro filmado. Déjense llevar por las imágenes de este magnífico demiurgo teatral y entren en el sueño de Mario y Natalia.

3 comments:

alicia said...

Antes que nada gracias por tu comentario, Anro. Visconti es -como ya sabes- uno de mis grandes maestros. Desde luego tenía un gusto exquisito cuando se trataba de adaptar a algún escritor. En este caso le tocó a Dostoyevski e hizo una versión muy personal. Yo no la recuerdo demasiado bien, ya que la ví hace mucho tiempo, y gracias a tu comentario me apetecería volver a verla. Desde luego es una lástima que no pudiera llegar a adaptar La montaña mágica o En busca del tiempo perdido, ya que eran perfectas para él

anro said...

Sobre todo "En Busca del Tiempo Perdido". En manos de Visconti esta inmensa obra hubiese sido algo tremendo. No se si recuerdas que hubo una olvidable adaptación de "En el camino de Swan", que se quedó un poco en la cuneta. Yo, sinceramente, no creo que nadie se atreva con esta obra fundamental de la literatura moderna, pero quién sabe.....
Un abrazote.

Anonymous said...

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